lunes, 7 de mayo de 2007

Medianoche.




(Suena...Barcarolle de Offenback)

Si pudieras entrar al real dolor de un hombre
no visitarías tan solo tristezas.


Abrirías la puerta de un corazón de cielo oscuro
iluminado con lamparitas infantiles,
con ilusiones eternas
con fantasías que ni la muerte borra.

Si miraras al fondo de ese cielo,
encontrarías en la lejanía,
a una bailarina blanca manchando ese negro, ese gran vacio
danzando y brillando como lucecita de mentiras,
con velos de plata y sonrisa de azucenas.

Verías...

Quitarías la estupida venda de todas las razones.
Visitarías también jardines de colores musicales
árboles frutales de ramas en jade con manzanas de oro
y arco iris de armonías.

Sentirías al cerrar los ojos
lluvias de rosas blancas acariciando tu espalda
para perfumar sus pétalos.

Al reflejar tu rostro sobre un índigo y añejo lago
acudirían pequeñas hadas del agua
que tejerían una guirnalda de lágrimas hechas con diamantes
para coronarte reina de las sirenas
y llevarte a un marmóreo salón de baile
en las profundidades asnudas del lago dolor
del dolor de un hombre
para que contemples su manantial de sangre hecha viento,
hecha música y noche.



M.Vlad
17 Dic. 1635






martes, 13 de marzo de 2007

Nave sonora



…Ella y yo.
La música y yo. Mi única compañera de toda la vida.
Porque nadie comprendió tanto mi sentimiento como ella.

Nadie pudo entender cada uno de mis pasos.
Y a pesar de intentar contar lo acaecido, sólo ella,
música y yo, pudimos comprender nuestros lenguajes.
NO hablo de humanos o de cosas visibles.
Hablo de mi alma y la música,
copulando por siempre en un agonizante orgasmo de quebrantos.

– Ven a flotar –me dice–. Estas notas del piano son tu nave melodiosa.
Sólo en ellas puedes navegar en tu mar, en tu silencio, en tu soledad, única y masoquista riqueza.

– Déjate cobijar por este manto sonoro –me dice la música con ese lenguaje que yo descifro, porque estoy seguro que un trozo de esta alma esta tejido con notas de esas. Las que oigo en este justo momento… sólo ellas y yo. Las notas y yo.

¡Cómo nos aproximamos de esa esquizofrénica manera!
Aquí, en relieve se proyectan, envolviendo y acariciando mi alma con delicados y luminosos velos.
Allí, en el sonido, me sumerjo, me desnudo, me abandono.
Entonces descubro que valió la pena entregarme a ellas.
Valdrá la pena lo que resta de mi existencia.


M.Vlad

viernes, 16 de febrero de 2007

Fugas


... a J.S. Bach
Aquel órgano solemne
retumbo por las columnas de la catedral.
Volaron sus notas cual golondrinas del altar
buscando una grieta para vivir
y así darle vida a la iglesia...
a las sublimes estatuas de mármol
que guardaban en su frío profundo
las caricias apasionadas de la magna melodía.

El ángel de jade
lloraba de alegría
lágrimas de incienso

La Virgen de oscuro mármol
se iluminaba de inocencia
cuando la música hería sus entrañas
esculpiendo la suave silueta de sus labios

El órgano de la iglesia iluminaba el cáliz elevado
mientras pintaba con lápiz de armonía
al rostro dramático del clérigo minisro.

Príncipe nocturno de sombría belleza
recorriendo taciturno las sublimes habitaciones de la consciencia.

Aquel órgano caído
de la estrella bachiana del cielo
era el alma de la iglesia
la gloria de ese claustro
desangrando contrapuntos
tapizado con luz celestial
Imponente, grande y solitario,
haciendo dúos con el campanario
Soñando fugas perpetuas y acordes eternos
Para volar por el universo.

Bach:
Sus notas son una caricia para el alma, un poema hecho a luz de vela con tinta de lágrimas sobre el pergamino amarillento del tiempo

miércoles, 14 de febrero de 2007


Cerré los ojos por un momento.

Me visioné con surcos en la frente y muchas historias taladrando el alma, marcando en el mapa de mi rostro, cada arruga que talló mi destino.
Salí a la puerta, mientras la brisa marina azotaba mi cara y me cerraba placidamente los ojos.
Observé al mar en su majestuosidad:
Solitario, profundo y misterioso, meditabundo como yo.

Desde mi casa de madera divisé a una mujer que se acercaba lentamente, devorando brisa y playa. Venía espectante como si el mar la hubiera llamado para consolarla, para depositar un beso sobre aquella trajinada piel, para robarle sal virgen de sus lágrimas cristalinas.
El manto marino estaba en calma porque al fin acariciaba esos pies descalzos que tantos caminos habían recorrido.
Miré fijamente a la mujer que se acercaba. Se me dibujaba ligeramente en el archivo nebuloso de la memoria. Cuando la tuve frente a mí, navegué en el mar de sus ojos. Su sonrisa cansada pero
sincera e inmensa acompañó al atardecer herido de gaviotas y dio paz a mi alma.

Entonces yo, la recordé como recordaba a las flores de la montaña, a las noches solitarias, al silencio adolorido, a la música inmortal.
La abracé y cerré los ojos eternamente, con la nariz hundida en sus cabellos.

El mar se alimenta con lágrimas de soñadores y las convierte en estrellas titilantes que lloran poemas desde el cielo.

M Vlad Nightwalker

Todo aqui es irreal
hasta la vida misma