lunes, 7 de mayo de 2007

Medianoche.




(Suena...Barcarolle de Offenback)

Si pudieras entrar al real dolor de un hombre
no visitarías tan solo tristezas.


Abrirías la puerta de un corazón de cielo oscuro
iluminado con lamparitas infantiles,
con ilusiones eternas
con fantasías que ni la muerte borra.

Si miraras al fondo de ese cielo,
encontrarías en la lejanía,
a una bailarina blanca manchando ese negro, ese gran vacio
danzando y brillando como lucecita de mentiras,
con velos de plata y sonrisa de azucenas.

Verías...

Quitarías la estupida venda de todas las razones.
Visitarías también jardines de colores musicales
árboles frutales de ramas en jade con manzanas de oro
y arco iris de armonías.

Sentirías al cerrar los ojos
lluvias de rosas blancas acariciando tu espalda
para perfumar sus pétalos.

Al reflejar tu rostro sobre un índigo y añejo lago
acudirían pequeñas hadas del agua
que tejerían una guirnalda de lágrimas hechas con diamantes
para coronarte reina de las sirenas
y llevarte a un marmóreo salón de baile
en las profundidades asnudas del lago dolor
del dolor de un hombre
para que contemples su manantial de sangre hecha viento,
hecha música y noche.



M.Vlad
17 Dic. 1635