martes, 13 de marzo de 2007

Nave sonora



…Ella y yo. La música y yo. Mi única compañera de toda la vida.
Porque nadie comprendió tanto mi sentimiento como ella.

Nadie pudo entender cada uno de mis pasos.
Y a pesar de intentar contar lo acaecido, sólo ella,
música y yo, pudimos comprender nuestros lenguajes.
NO hablo de humanos o de cosas visibles.
Hablo de mi alma y la música,
copulando por siempre en un agonizante orgasmo de quebrantos.

– Ven a flotar –me dice–. Estas notas del piano son tu nave melodiosa.
Sólo en ellas puedes navegar en tu mar, en tu silencio, en tu soledad, única y masoquista riqueza.

– Déjate cobijar por este manto sonoro –me dice la música con ese lenguaje que yo descifro, porque estoy seguro que un trozo del alma esta tejido con notas de esas. Las que oigo en este justo momento. 

En relieve se proyectan, envolviendo y acariciando mi alma con delicados y luminosos velos.
Allí, en el sonido, me sumerjo, me desnudo, me abandono.
Entonces descubro que valió la pena entregarme a ellas.
Valdrá la pena lo que resta de mi existencia.


M.Vlad